Por: José Alfredo Campos Salas | Presidente de CANABUS

El ser humano debe tener garantizado el derecho de moverse con libertad y con seguridad en su entorno cotidiano.

Canabus considera que los problemas de movilización que viven todas nuestras ciudades, afectan gravemente la calidad de vida de los habitantes de este país.

La congestión vehicular se deriva de una cultura que se nos inculcó en el siglo XX, y debe ser revisada para tomar medidas drásticas en nuestra forma de movernos todos los días.

Hemos creído que desplazarnos en automóvil o en motocicleta es un derecho que tenemos, y por ello hemos adquirido pésimas prácticas que disminuyen la capacidad de las vías. Vemos todos los días vehículos parados en muchas calles, la policía de tránsito no puede hacer partes impersonales porque así lo dictaron los magistrados de la Sala Constitucional, y los derechos individuales han sido entonces superiores a los derechos colectivos.

Debemos educar a  nuestros conciudadanos para ver el uso del transporte privado como un privilegio, como realmente lo es, y no como un derecho.

En este contexto hemos olvidado a los peatones, a la mayoría de personas que usan la ciudad para estudiar, trabajar o distraerse.

Nos encontramos con una deficiente infraestructura para el uso de la ciudad a pie, y hasta se han construido carreteras que no permiten el paso a los peatones, al punto de que se han cortado pueblos sin pensar en sus habitantes, para dar espacio a los automóviles y a las motos, y con ello se atenta contra su vida.

Cuando escuchamos las largas diatribas sobre la escasa infraestructura nacional, el argumento más utilizado es la falta de vías para el transporte privado.

Estas malas prácticas y este esquema de pensamiento tienen un enorme costo que afecta nuestra calidad de vida. Estamos pagando una factura petrolera insostenible en el mediano plazo, estamos contaminando el ambiente con serios problemas para la salud de todos nosotros, y contribuimos negativamente con el impacto que produce el cambio climático, invertimos cada vez mas tiempo en nuestros desplazamientos, y ese tiempo se lo restamos a nuestras familias, a nuestro descanso y a nuestros pasatiempos.

Canabus cree firmemente que el espacio público debe democratizarse. Esto quiere decir que la mayoría del espacio debe destinarse al uso de la mayoría de las personas.

Pensando así, entenderemos que la prioridad de uso de ese espacio en las ciudades debe ser devuelto a los peatones y luego al transporte público.

Hace cuarenta años, un autobús transportaba a más de dos mil personas al día. Hoy en día, un autobús transporta a seiscientas personas porque compite por el uso de suelo con los vehículos privados. Entendemos así que la cantidad de autobuses puede disminuir considerablemente si se destina a sus usuarios el derecho de tener vías exclusivas para ese modo de transporte, y así, el setenta por ciento de las personas que se desplazan y lo hacen en autobús, tendrán ese porcentaje de calles y avenidas para viajar eficientemente.

Ahora bien, nada de esto se logra si no se invierte en infraestructura urbana de apoyo al transporte colectivo. La gente quiere seguridad, necesita información, requiere de mecanismos de pago eficientes, y para ello deben darse las condiciones para que quienes usan automóvil puedan optar por viajar en autobús y usar su vehículo privado en ocasiones especiales.

Ese sería un gran avance en la libertad de las personas y traería enormes beneficios a su calidad de vida y a la economía del país.

Queda entonces la enorme tarea de educar a nuestro pueblo, quien aprende rápido y para ello estos temas deben ser debatidos en todos los lugares, en las escuelas, en los colegios, en las universidades, en los salones de las asociaciones de desarrollo integral, en las salas de espera de la Caja Costarricense del Seguro Social, de los ministerios, en la Asamblea Legislativa y en los medios de comunicación colectiva, para llevar estas ideas al seno de nuestros hogares y convencernos de que este cambio beneficia mucho nuestra calidad de vida y respeta el derecho humano de movilizarse por nuestras ciudades.

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