La electrificación del transporte público en Costa Rica es una alternativa que permitirá consolidar el proceso de modernización del transporte público con beneficios varios para múltiples actores: operadores (al permitirles reducir costos operativos), usuarios (al recibir un mejor servicio con unidades más modernas que producen menos ruido y contaminación del aire), ciudadanía general (al estar menos expuestos a contaminantes de vida corta producidos por la combustión del diésel, y a gases de efecto invernadero causantes del fenómeno de cambio climático).  La electrificación del transporte público se presenta como una alternativa muy eficaz para lograr transformar un sector de la economía que actualmente enfrenta retos importantes en términos de competitividad, y que es medular para alcanzar nuestras metas climáticas. El sector transporte es el responsable del 82% del consumo final de hidrocarburos del país (MINAE, 2017), y del 44% de las emisiones totales del gases de efecto invernadero. Para un sector que día con día enfrenta una fuerte competencia con otros medios de transporte, altos costos operativos y una percepción negativa por parte la ciudadanía,  la electrificación debe verse como una opción tecnológica que permita la modernización, la optimización de costes, y una mejora reputacional al contribuir con las metas climáticas y la mejora de la calidad del aire.

Por otra parte, las ciudades costarricenses enfrentan un serio problema de contaminación por calidad del aire, y el sector tiene transporte tiene mucho que aportar en este sentido. De acuerdo con un informe del Banco Mundial, se estima que el impacto anual en el país por costos asociados a la salud y relacionados con la contaminación del aire ascienden al 1,1%del PIB.  Igualmente en otro estudio del CATIE y CEPAL para MINAE indica que ciudades como Belén, Heredia, Alajuela y San José, presentan niveles de particulado PM10 superiores a los límites permitidos por la Organización Mundial de Salud (OMS) y por la Unión Europea.  

Es importante anotar que la contaminación asociados a material particulado proviene especialmente del uso del diésel, y el aporte de los buses es significativo. En un estudio realizado en México por OCDE, se estimó un costo de US$ 39,000 millones asociado a la contaminación del aire e impactos en salud, y se calcula que la mitad de estos se pueden atribuir al sector transporte (OCDE, 2010).

La movilidad eléctrica aparece como una opción que permitiría reducir estos indicadores de calidad del aire, e igualmente permitiría mover la aguja en términos de emisiones de CO2. Pero los beneficios se podrían reportar igualmente en términos de eficiencia por dos razones principales. Primero porque el costo de operación de un sistema eléctrico es menor que uno de motor de combustión (es mucho más simple, no requiere aceites, entre otros) y segundo porque el costo de consumo de combustible es más alto que el costo de consumo de electricidad (BID, 2016). Al comparar los precios de consumo de energía (diésel o energía) por kilómetro, el desempeño de un bus eléctrico es superior, tanto en términos de coste como de eficiencia.

En un estudio de Ciudad de México de Volvo para ONU Ambiente se determinó que con el equivalente a 5 litros de diésel un bus podría recorrer 11,4 km, mientras que un bus eléctrico podría recorrer hasta 33,3 kilómetros. 

Para lograr esta electrificación se debe trabajar desde un enfoque integrado. Primero continuar con el proceso de modernización del sector consolidando carriles exclusivos, pago electrónico, optimización y rediseño de rutas, pero incorporando la variante de esta mejora tecnológica.

Igualmente es medular avanzar en un diseño tarifario que fomente el uso de esta tecnología y la implementación de esta política pública climática y energética.  El trabajo requiere de enfoques integrales, donde se consolide un esquema financiero que facilite cubrir el delta del coste adicional de la tecnología, y del esfuerzo articulado del sector público (MOPT, CTP, ARESEP, MINAE, Distribuidores de Energía (Grupo ICE y Cooperativas), privado (operadores, usuarios, ciudadanos, importadores de buses), financiero y de la cooperación internacional, para lograr escalar el uso de esta tecnología en los próximos años.

Con una matriz eléctrica tan limpia,  Costa Rica podría convertirse así en un líder de la descarbonización del transporte público. El país tiene todas las condiciones para demostrar que con metas claras y trabajo en equipo, sí se puede!

Por: Andrea Meza | Directora, Dirección de Cambio Climático – MINAE