Derecho de los ciudadanos: Movilidad

Derecho de los ciudadanos: Movilidad

Por: Lizbeth Agüero | Comunicación CANABUS

Entendemos por movilidad el traslado de los habitantes de una ciudad desde y hacia cualquier punto; de la casa al trabajo, del trabajo al centro de estudios, de salud de comercio y viceversa, etc.

Cuando hablamos de movilidad urbana nos referimos a la necesidad de desplazamiento o de movilidad que tienen los habitantes de una ciudad, como parte de su vida cotidiana. Este concepto se empieza a usar hace relativamente poco tiempo y está ligado a los nuevos modelos de desarrollo urbano; más enfatizados en las personas que en los medios de transporte, integrando objetivos de eficiencia económica, igualdad social y sustentabilidad ambiental.

Para ese ir y venir de un lado a otro, generalmente se utiliza algún medio de transporte: automóvil, transporte público bus o taxi, pero también hay un sector de la población que prefiere caminar o ir en bicicleta. Y esto con una clara razón: el de acortar la distancia que tenemos desde el lugar donde estemos a nuestro destino. De esta manera podemos llegar en menor tiempo y de manera más ágil. Esto es facilitar la accesibilidad al punto de llegada.

Así las cosas, la accesibilidad es el objetivo que a través de los medios de transporte persigue la movilidad.

Pero la accesibilidad no solo se consigue a través del transporte, hay otros agentes que también inciden en que tan accesible puede ser un centro urbano; desde la forma en que este esté estructurado y la distribución geográfica donde se encuentren ubicados los bienes y servicios, a los que la comunidad debe acudir. Intervienen sobre ella varios factores, las condiciones de infraestructura vial, la existencia de carriles exclusivos para la circulación de autobuses, que contribuyen transportando a mayor cantidad de personas de manera más expedita; ciclo vías que estimulen el uso de este modo de transporte, sano para la salud y más amigable aun con el medio ambiente.  Así como condiciones idóneas que permitan a personas con movilidad limitada, subir y bajar de un autobús a través de rampas, o simplemente movilizarse sin riesgo en   la ciudad por aceras donde se desplacen en silla de ruedas, muletas o el bastón sin encontrarse obstáculos que les dificulte su movilidad. Son aspectos que propician accesibilidad.

Por otra parte, la existencia de espacios públicos que procuren una sana convivencia, parques, áreas de descanso en que haya lugar para la expresión cultural; son parte del modelo de ciudad que queremos tener y que están estrechamente ligados a una movilidad con accesibilidad. Las ciudades deben incluir espacios donde las personas puedan volver a “conectarse con la naturaleza, con los demás y con ellos mismos”. No es suficiente ofrecer muchos medios de transporte que alcancen distancias cada vez mayores. Hay una serie de actores se deben tomar en cuenta.

Los problemas de movilidad que hoy sufrimos son el resultado de dos causas que se han ido desarrollando en el tiempo casi sin darnos cuenta, la  primera es el consumo de suelo urbano para el transporte: la gran cantidad de espacio de la ciudad que requiere el transporte se obtiene del que necesitan otras actividades, las cuales se ven obligadas a esparcirse por el territorio,  lo que conlleva a aumentar  las distancias entre diligencias y que requiere cada vez de más desplazamientos motorizados, que reclaman a su vez más espacio que devorar, generándose así un círculo vicioso expansivo.

La segunda causa es la forma en que están ordenados o distribuidos esos servicios que la gente necesita accesar. Nos referimos a la tendencia de que cada vez más espacios sirven para un único tipo de servicio u actividad: oficinas, vivienda, universidad, centros comerciales, hospitales… De esta forma se hace cada vez más necesario tener que desplazarse en muchas ocasiones atravesando el centro de la ciudad para ir de un sitio a otro. Generando terribles congestionamientos con todos sus derivados; contaminación, mayor consumo de combustibles, tiempo perdido, estrés y por ende una mala calidad de vida de la ciudadanía.

No obstante, esto no se lo debemos a los diferentes medios de transporte, la cultura de hoy día de casi adoración al carro-centrismo, es la gran culpable de esta situación: todas las políticas urbanas y de transporte han estado orientadas a favorecer y fomentar su uso, mientras el resto de medios iban a la cola, adaptándose e intentando sobrevivir en el entorno creado por y para el automóvil.

“Las consecuencias del uso del automóvil sobre la ciudad se comparan a los de una bomba lenta: “una bomba cuya onda expansiva tuviera la virtud de trasladar edificios y actividades a varios kilómetros a la redonda, y cuyo principal efecto en el interior fuera el de destruir la propia esencia de las urbes: la convivencia y la comunicación entre los seres humanos”.

Creando otro circulo vicioso debido a que el transporte público resulta menos atractivo y competitivo lo que convierte al auto particular en la única alternativa y como consecuencia la ciudad no solo resulta más cara y consume mucha más energía, sino que también margina a aquellas personas que no pueden o no quieren tener un automóvil.

La movilidad es un derecho humano al que sin excepción todos tenemos derecho. Debemos buscar espacios dentro de las políticas públicas que generen acciones conjuntas con las autoridades locales, empresa privada y la sociedad civil, para trabajar en la edificación de un modelo de ciudad inclusiva que interactúe con sus habitantes, que involucre un replanteamiento del modo de vida ciudadano y su relación con la ciudad, que además garantice a todos los ciudadanos por igual el ejercicio de este derecho.

Por |2017-07-11T21:06:58-06:00marzo 13th, 2017|Categorías: D1, Movilidad, Noticias|Etiquetas: , |Sin comentarios

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