Por: Mónica Araya | Directora, Costa Rica Limpia

Recuerdo cómo nos conocimos con CANABUS. Yo había dicho en el programa de radio de Amelia Rueda que mi sueño era vivir en un país que ande en bus – y use el transporte público sin complejos – . Eso le gustó a don Alfredo Villalobos Presidente de Canabus  y pocos días después nos reunimos él, don Luis Diego González Directivo de Canabus  y Yerling Gómez Directora Ejecutiva y desde ese café hasta hoy hemos explorado ideas sobre cómo hacer el transporte público lo más atractivo posible.

El aumento de las presas – y su impacto en nuestro estado de ánimo – ha hecho palpable la necesidad de innovación en el sector de la movilidad tica. Llegó la hora de hacer de la movilidad colectiva una gran prioridad de la sociedad costarricense. No se trata solo de mejorar lo que existe sino de transformarlo para que el transporte público llegue a ser una opción inteligente para la mayor parte de personas, incluso quienes ya tienen carro. El país ganará mucho en calidad de vida si hacemos que esto ocurra.

Como país debemos, además, enfrentar una gran paradoja: somos muy verdes en nuestra generación de electricidad, pero contaminante en nuestra energía para el transporte, dado que usamos hidrocarburos. Nos toca convertir esto en una oportunidad (no todos los países tienen electricidad renovable).

Por eso ya no estamos para ideas pequeñas del tipo “toca usar gasolina menos sucia”. No. De lo que se trata es de pensar en grande: liberarnos de hidrocarburos y a la vez transformar el transporte colectivo para que aprovechemos esa electricidad renovable en el sector de transporte.

El sector de buses puede llegar a electrificar las flotas. Y ojo: no es una utopía es una propuesta de negocios, porque los buses eléctricos ahorrarían dinero. Esto requiere no quedarnos pegados en el argumento de que son buses caros. Por ejemplo, ProTerra en EEUU muestra cómo un bus eléctrico ahorra $365.000 en su vida útil. Además, son buses más simples con hasta 400 piezas menos que un bus de hidrocarburos y no requieren cambios de aceite. No hacen ruido, no tienen mufla y por lo tanto no generan humo. La experiencia del transporte eléctrico es superior: dan muchas ganas de estar en un bus así. El sector podría cuantificar los beneficios para la salud pública de forma que se pueda promover modificaciones en la forma de calcular tarifas en ARESEP. (Esto es un tema que será abordado en otro artículo).

Los buses eléctricos avanzan en ciudades donde hay nuevos liderazgos. Hace pocos días estuve en Londres por trabajo. El Alcalde inauguró la que será la flota de buses eléctricos más grande de Europa con 73 unidades. Hasta la fecha la estrategia había sido buses híbridos (2.000 unidades) pero el Alcalde ya reconoce que tenían que ir más allá y optar por buses 100% eléctricos y la forma de justificarlo fue la mala calidad de aire de Londres. Optaron por buses de BYD. En esa estadía tuve doble suerte: no solo conversé con una de las personas que lideran ese proyecto, sino que vi en vivo y a todo color uno de esos buses eléctricos. Ver los buses fue amor a primera vista.  El corazón palpitó no solo porque el bus es silencioso y precioso, sino porque al verlo lo imaginé en las calles de Costa Rica y tuve la certeza de que el día en que esto ocurra está cercano. Por ahora el siguiente paso es desarrollar un plan piloto que permita mostrar cómo funciona en la práctica y que le genere el mismo flechazo a quien lo vea por primera vez.